Juntar el corazón con la cabeza y las manos- 12 de julio de 2008
Nacemos con la cabeza, el corazón y las manos unidos en un solo cuerpo. Pero después pensamos distinto de lo que sentimos y hacemos otra cosa distinta.
No nacemos hechos, terminados. Hay que aprender todo y especialmente, hay que encontrar un sentido de la vida que le ponga dirección a la cabeza, al corazón y a las manos, con libertad y conciencia. ¡Y cuánto cuesta lograrlo!
Pablo de Tarso, convertido al cristianismo confiesa ya crecido : “Hago lo que no quiero y no hago lo que quiero” para describir la lucha continua por la coherencia de vida.
El medico diagnostica enfermedad; el psicólogo inmadurez, neurosis, paranoia, histeria y hasta esquizofrenia. Viene el desánimo y la angustia. Eso es posible. Pero aún en estos casos está Dios que nos modela entre sus manos con amor y misericordia. En nuestro barro frágil y a veces deforme, Dios nos da siempre la oportunidad de recibir y vivir con coherencia la Vida que Jesús ofrece, a veces muy heridos. La caricia del amor de Dios alivia las heridas y nos sana de la enfermedad más grave: el egoísmo y sus síntomas: la mezquindad, la violencia, el desánimo, la tristeza.
Jesús resucitó entero aunque las heridas fueron grandes. Pero se dejó los rastros de la cruz para que no perdamos la esperanza.
Juntar el corazón con la cabeza y las manos; actuar sabiendo lo que hacemos, eligiendo lo mejor entre aquello diverso que sentimos, es el gran desafío del crecimiento interior. Solos no podemos. Pero Dios-con-nosotros, nos ayuda.
Guillermo Ortiz SJ- Reflexiones 21
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