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Capilla Barrio CURA BROCHERO ‘Nuestra Señora del Tránsito’
Parroquia Nuestra Señora de los Dolores – Villa Dolores – Córdoba,
Enero de 2011
EL ‘CELO MISIONERO’ DE JOSE GABRIEL BROCHERO
- jesuita Guillermo Ortiz pag.1
1. Un fuego en serio
- Se te frunce el corazón – refiere Teófilo Pereira- cuando ves en las sierras los incendios del verano que arrasan extensiones inmensas de pasto seco y todo queda negro. Te pica la nariz, te arden los ojos por el humo. Es un fuego imparable, malo. Destruye como el fuego de las pasiones dañinas.
- Pero hay otros fuegos buenos, que iluminan, que fortalecen, como el fuego del sol que sazona frutos, purifica el agua y el aire, pinta de vida y luz el mundo y la gente –aclara Hugo Antonio. Como el fuego del horno de pan, de la cocina, del hogar, que nutre, abraza, reúne a la familia, a la comunidad.
- Los dos fuegos aparecen en la boca de Jesús –explica Edgardo. La palabra de Jesús, como espada afilada, separa a los que dan frutos dañinos que arruinan a la gente y a su autor responsable, de aquellos otros que dan frutos buenos que nutren la propia vida y la de los vecinos en la comunidad, en la parroquia.
Los primeros van “al fuego eterno” (Mt.25, 41) dice Jesús. Pero Jesús habla también de un fuego que da vida: “Vine a traer fuego a la tierra y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo” (Lc. 12,49). Es el fuego de Amor de su Corazón herido y victorioso; el fuego del Espíritu, que ilumina, abraza, reúne en familia. En Traslasierra el Cura Brochero expandió el fuego del Amor de Jesús desde su propio corazón de sacerdote encendido de “celo misionero”.
2. Ardor incontenible “El fuego de un ardor incontenible” es el impulso de la Misión Continental, según nuestros obispos en Aparecida (DA 362)
“Hay de mí sino predico el Evangelio” (1Cor.9, 16) confiesa san Pablo, encendido en ‘ardor incontenible; en celo misionero.
Con un fuego que le brota del pecho se lo pinta al jesuita Francisco Javier, patrono universal de las misiones. Se representa así el ardor, el fervor, el ‘espíritu misionero’ encendido, la pasión de amor que lo empujó desde España pasando por la India hasta las puertas de China con el deseo de que todos conocieran a Jesús.
Esto empezó con la oración que enciende y aviva el fuego del Espíritu; con los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. Los mismos Ejercicios Espirituales que el Cura Brochero instaló en su ‘curato’, como eje de su trabajo apostólico. "Era un hombre apasionado por que el paisano se encuentre con Jesús”, expresa Mons. Santiago Olivera.
A pié -como la Madre Antula, también en Argentina-, en barco, a caballo, utilizando todos los medios disponibles (Brochero con sus callos sangrantes en “las posaderas” de tanto andar sobre la mula malacara), estos hombres y mujeres, discípulos misioneros de Jesús tienen una razón feliz para sus vidas; sus vidas tienen un sentido, un valor extraordinario: esa pasión de amor que los enciende y los pone en movimiento: Arden de ‘celo’ porque todos y cada uno se encuentren personalmente con Jesús.
2. Fuego interior del Espíritu Ni Brochero, ni Francisco Javier, ni san Pablo se aburren en la oración, ni se dejan estar en el trabajo, porque tienen adentro esta pasión de amor que los mueve, los impulsa, no les permite estar quietos.
La imagen del fuego que quema dentro, que ilumina y da valor y fuerza, no es casual: El Espíritu Santo desciende sobre los discípulos como lenguas de fuego, según refiere el Libro de los Hechos 2,3. Y los transforma en fervorosos misioneros. En el Evangelio, Jesús resucitado sopla sobre los discípulos el Espíritu (Juan 20,22); el fuego de su aliento vivo.
El contacto vivo con Jesús en la oración y los sacramentos llena de fervor, mueve a salir hacia el otro con la caridad más grande: llevar al otro al encuentro con Jesús, como hizo Andrés con su hermano Simón, pescador de Galilea que será san Pedro Apóstol, primer Papa.
Como dicen los obispos en el Documento de Aparecida: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. El inicio del cristianismo es: un encuentro de fe con la persona de Jesús (Cf. Jn 1, 35-39).” (Cfr. DA del 243 al 45).
Pidamos la gracia de la oración. Esa oración en la que el Cura Brochero ponía toda su esperanza para el cambio de vida, también de las personas más dañadas y esclavizadas de sus vicios y pecados.
EL ‘CELO MISIONERO’ DE JOSE GABRIEL BROCHERO - jesuita Guillermo Ortiz pag. 2
4. La clave de su pasión de Amor El celo misionero del Cura Brochero no es por la soledad o el aburrimiento que mueven a salir para buscar a otro con quien hablar, pasar el tiempo, sentirse bien, tener una sensación fuerte, divertirse, sentirse vivo. El ardor misionero no es un deporte, ni el desarrollo de una destreza física que ayuda en el desarrollo de la persona y a su integración social. El fuego del Espíritu de Dios es algo distinto que vos y yo tenemos o no tenemos. Es algo que recibimos de Dios como don precioso y también podemos perderlo. Se apaga en nosotros si no lo alimentamos. Este Espíritu pulsa vivo en el corazón de Brochero y lo llena de Vida, alegría, gozo.
Pero ¿cuál es la clave? El Cura Brochero nos enseña que la clave es el encuentro diario mano a mano con Jesús en la oración y los sacramentos. Esto enciende y alimenta el fuego del Espíritu misionero, su pasión de amor.
El Breviario gastado que Brochero rezaba, es la misma Palabra de Dios, la Biblia, organizada para la oración diaria de los sacerdotes y religiosos. El Rosario, la escuela de María donde gustamos lo profundo de los “Misterios de la vida de Jesús”, es otro modo de oración posible que Brochero utilizó. “Todo modo de preparar y disponer el alma” al encuentro con el Señor es oración, dice san Ignacio en los Ejercicios (1) Y ya conocemos la centralidad de la Eucaristía, de la celebración de la misa para Brochero. Como el verdadero “pan nuestro de cada día” del encuentro cotidiano con el Señor vivo; del diálogo de Amor de Brochero. (Ver Documento de Aparecida 246 al 275)
5. Dos facetas del gozo del amor Jesús llamó a los discípulos “para que estuvieran como él y para enviarlos a anunciar el mensaje” (Marcos 3,13). El trato amoroso de Brochero con Jesús genera gozo, alegría interior, y a la vez, suscita la misma ternura y caridad de Jesús con los más frágiles; alimenta su fervor misionero. Son dos caras de la misma moneda. No solamente le ofrece su vida como agradecimiento por el amor hasta el extremo de Jesús, sino que –siguiendo a Jesús- entrega la vida por sus paisanos.
Hablando del celo misionero de Brochero, Mons. Olivera pone el ejemplo de cuando Brochero atravesó el río crecido tomado de la cola de la mula malacara, para no dejar sin la comunión a un enfermo. Lleva a Jesús sacramentado a un enfermo con el riesgo de su propia vida.
En el Documento de Aparecida nuestros pastores afirman “Cuando crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos, el don de ese encuentro. … testimoniarlo y anunciarlo… Benedicto XVI nos recuerda que: “El discípulo, fundamentado así en la roca de la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (Cf. Hch 4, 12). El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro”. Esta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana. (cfr. DA 143 al 148)”
6. Diálogo comprometido José Gabriel Brochero es sacerdote, para eso, es primero ‘un hombre de palabra’. Es un hombre bien plantado, con los pies en la tierra, en la realidad. No engaña ni se auto engaña. De ahí que su diálogo con Jesús y su gente es llano, sincero, profundo y por eso da frutos buenos de vida, porque Brochero no le saca el cuerpo al compromiso cualquiera sean las consecuencias. Brochero se juega la vida entera por Aquel que dio la vida por él y por nosotros.
Dicen los obispos en Aparecida “(DA 136) La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (Cf. Jn 10, 3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (Cf. Jn 14, 6). Es una respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo” (Cf. Jn 13, 1). En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré a donde quiera que vayas” (Lc 9, 57). 137. El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús-Camino… para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros “tengan vida en Él”.
EL ‘CELO MISIONERO’ DE JOSE GABRIEL BROCHERO - jesuita Guillermo Ortiz, pag. 3
7. Amor, celo, fervor, Incendio Hay un Fuego de amor santo, ardiendo en el Corazón vivo de Cristo en el altar de la Iglesia. Brochero se abrió a este fuego, lo recibió, se alimentó de él; gozó este fuego, lo cuidó, lo aprovechó; lo puso al centro de su parroquia inmensa; lo ofreció, lo compartió, lo administró en todos los modos posibles. Enseño a rezar a los paisanos para buscar el Fuego santo de vida y recibirlo en los sacramentos; les enseño a cuidar ese fuego con los mandamientos, con el buen trato y la caridad con el prójimo, con el respeto por la vida; con la entrega de la vida para que el otro también tenga la vida plena y feliz que Jesús resucitado ofrece.
Brochero sacerdote, es combustible del Fuego de amor santo con ‘una vida pobre y entregada’, se deja incendiar del celo de Jesús y así ofrece todo su ser a la misión.
Hoy la imagen ejemplar de Brochero es una mecha encendida que ilumina, abraza, reúne, como un verdadero sacramental; umbral del Encuentro con Jesús. Dejemos que Brochero sea lo que quiso y quiere ser: la mecha que pone en nuestra vida el Fuego vivo del Amor de Jesús a Dios y al prójimo. Y el Fuego del Amor de Dios arderá hoy con el celo misionero de Brochero, como un canal abierto entre el cielo y la tierra. Un Fuego que no se apaga y nos invita a arder con él por él y en él.
Que triste y feo sería que una vez más pasara Brochero sacerdote por mi vida rota, y yo no me dejara incendiar por el amor de Dios que crepita en el corazón de Jesús resucitado.
8. Vida plena y feliz Si buscamos en la Biblia, Palabra de Dios, el Espíritu de Dios es sinónimo de vida, de amor y siempre es acción, obra, movimiento. Así como el frío nos agarrota, nos paraliza y nos mata –por eso algunos dicen que el infierno es helado, aislados en el egoísmo y la mezquindad, la falta de amor nos pone en agonía eterna en el frío de la indiferencia- así el fuego del Espíritu nos vivifica y nos mueve a dar frutos de vida. Esa Vida plena y feliz que Jesús resucitado nos ofrece. Es algo distinto de nosotros mismos, pero que puede hacerse una sola cosa en nosotros, como pasó con Brochero. Algo que nos ofrece Cristo sacerdote y que tenemos o no.
A. Brochero dejó la vida en la lucha contra los vicios y dependencias de los paisanos
¿Qué ‘fueguito’ pobre, pasajero; qué pasión desordenada, dependencia, ocupa en mí el lugar del Fuego de Vida y Amor de Dios, y está destruyendo mi vida?
B. Brochero se ofreció entero como combustible del Amor de Jesús, y como sacerdote ofreció y ofrece este Espíritu a los paisanos de Traslasierra, invitándolos el Encuentro con Jesús en la oración profunda y larga de los ‘ejercicios espirituales’. ¿Dónde está hoy para mí el Fuego del Espíritu de Jesús que hace arder el corazón en amor a Dios y al prójimo?
C. Encender y mantener el fuego material es un arte.Lo mismo sucede espiritualmente. Con el ejemplo de vida y trabajo misionero de Brochero, ayudado de su intercesión milagrosa:
¿Qué pasos concretos debo dar para recibir, vivir, alimentar, el fuego del Espíritu de Jesús y para compartirlo en familia, en comunidad, en la capilla, la parroquia?
9. Renuevan el ardor misionero Dicen los obispos en Aparecida: “167. La maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que la Iglesia particular se renueve constantemente en su vida y ardor misionero. 273. Los apóstoles de Jesús y los santos han marcado la espiritualidad y el estilo de vida de nuestras Iglesias. Sus vidas son lugares privilegiados de encuentro con Jesucristo. Su testimonio se mantiene vigente y sus enseñanzas inspiran el ser y la acción de las comunidades cristianas del Continente. … 275. Nuestras comunidades… reconocen el testimonio cristiano de tantos hombres y mujeres que esparcieron en nuestra geografía las semillas del Evangelio, viviendo valientemente su fe, incluso derramando su sangre como mártires. Su ejemplo de vida y santidad constituye un regalo precioso para el camino creyente de los latinoamericanos y, a la vez, un estímulo para imitar sus virtudes en las nuevas expresiones culturales de la historia. Con la pasión de su amor a Jesucristo, han sido miembros activos y misioneros en su comunidad eclesial. Con valentía, han perseverado en la promoción de los derechos de las personas, fueron agudos en el discernimiento crítico de la realidad a la luz de la enseñanza social de la Iglesia y creíbles por el testimonio coherente de sus vidas. Los cristianos de hoy recogemos su herencia y nos sentimos llamados a continuar con renovado ardor apostólico y misionero el estilo evangélico de vida que nos han trasmitido.”
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