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Audacia divina con pobres hombres
No fue una capa de nieve la que cubrió de blanco la Plaza, fueron innumerables albas de sacerdotes, en la concelebración más grande de la historia en San Pedro, en Roma, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, día de oración por la santificación de los sacerdotes. En la parroquia, en la capilla del barrio, el sacerdote “pronuncia las palabras… que lo hacen presente a Dios mismo… que abren de par en par el mundo a Dios y lo unen a Él… Dios se vale de un pobre hombre”, expresó Benedicto ese día. El sacerdocio –dijo, es una “audacia de Dios que se abandona en las manos de seres humanos, que aún conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar. Esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra ‘sacerdocio'… un don que se lleva ‘en vasijas de barro', y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo…” (11-06-10). ¡Cuánto poder en tantos ‘pobres hombres'! por decir de otra manera esto del recipiente de barro con el tesoro tan grande del Amor mismo de Dios en 15 mil sacerdotes juntos. ¡Cuántos santos juntos! La santidad de la perseverancia cotidiana en el deseo de Dios, en la amistad con Jesús, el corazón ardiendo en el Amor de Cristo, y por amor de Cristo sirviendo a la gente.
Resplandeció el tesoro El blanco resplandeciente de la plaza revestida de sacerdotes fue como un espejo inmenso de la luz del cielo. ‘Vine a traer fuego a la tierra y quisiera que ya estuviera ardiendo' (Lucas 12,49) dice Jesús. Y este fuego se enciende cuando el sacerdote consagra la Eucaristía, esa brasa que purifica y transforma el mundo. Por eso podemos decir que se levantó una llamarada grande del fuego del Amor de Cristo, en la Plaza de San Pedro en Roma, con la Misa de cierre del Año Sacerdotal. Como si se juntaran miles de leños para armar una hoguera gigante, nos reunimos a rezar con el Papa Benedicto, más de 15.000 sacerdotes del planeta, peregrinos en el Santuario de san Pedro. Representamos a los 400 mil sacerdotes que estuvieron presentes con el corazón, rezando en sus comunidades y diócesis, y que no vinieron por problemas de salud, edad trabajos, distancia, costos. Pero todos fuimos convocados a celebrar el Año sacerdotal, para crecer en la conciencia del don de Dios; del tesoro que llevamos en nuestro barro. El jueves 10 de junio de 2010 fue la vigilia en la misma Plaza, con la presencia de Benedicto en diálogo con los sacerdotes que le hicieron 5 preguntas. Terminamos con la adoración del Santísimo, la oración cargaba el espacio de un silencio denso, bendecido por el sólo rumor de las fuentes de agua.
El don del sacerdocio “Del Corazón de Cristo desbordante de caridad brota el don del sacerdocio”, afirmó Benedicto el 13 de junio de 2010, y agradeció el testimonio y los trabajos de tantos sacerdotes en el mundo, definiéndonos como los “primeros operadores de la civilización del amor”. El viernes 11 por la mañana en la Misa de clausura del Año Sacerdotal, la masa compacta de sacerdotes llegaba al obelisco de la plaza de San Pedro. Pero más allá de las vallas y mezclados con la gente había muchísimos otros sacerdotes también concelebrando. Concordes con el lema: “Fi del idad de Cristo, fi del idad del sacerdote”, ejercitando el Sacerdocio ministerial de Jesús del que participamos por el sacramento del Orden, en comunión, unidos con el Papa, consagramos el Cuerpo y Sangre de Cristo; el misterio de la llama de Amor viva, la brasa encendida, que puede transformar el mundo. Benedicto saludo también a los sacerdotes de lengua española: “ Saludo cordialmente a los presbíteros de lengua española, y pido a Dios que esta celebración se convierta en un vigoroso impulso para seguir viviendo con gozo, humildad y esperanza su sacerdocio, siendo mensajeros audaces del Evangelio, ministros fieles de los Sacramentos y testigos elocuentes de la caridad. Con los sentimientos de Cristo, Buen Pastor, os invito a continuar aspirando cada día a la santidad, sabiendo que no hay mayor felicidad en este mundo que gastar la vida por la gloria de Dios y el bien de las almas”.
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