Jesús desierto - 29 de febrero 2012
- Qué bello es el Cristo que vuelve del desierto
- ¿Cómo que bello? ¿No ves que pasó en el desierto 40 días y 40 noches sin comer ni beber? Todo su cuerpo por afuera y por dentro es una llaga de hambre y sed expuesta a la intemperie.
-Eso es lo bello amigo, su cuerpo y su alma ya están marcados en lo profundo por las llagas de amor. ¿No te das cuenta? No hablo de cualquier belleza. Hablo de la belleza del triunfo; de la belleza de la victoria sobre el mal. Trae heridas de guerra.
-Es verdad, esos cuarenta días y cuarenta noches luchó con el espíritu del mal. Fue tentado dicen con todo genero de tentación. El espíritu del mal se ensañó con él.
-Pero Él fue más fuerte; porque Dios es más fuerte, y en el cuerpo y en el alma Jesús venció la tentación. Por eso, no solo es bello su triunfo. Su victoria es hermosa porque venció con la fuerza de su amor al Padre y a nosotros. Lo hizo por nosotros. ¿No te parece hermoso alguien que lucha y vence por vos, también por mí?
-¿Qué podemos hacer para demostrarle nuestro agradecimiento por su amor?
-Adorarlo, porque es el Hijo de Dios. Hacer como cuando los reyes triunfantes volvían de la guerra, y después seguirlo a donde vaya. Hacernos uno con Él.
- Sin duda en la ciudad profundizaran las llagas que ya marcó el desierto, lo condenarán a muerte. No será fácil seguirlo.
-No será fácil seguirlo pero si con él morimos resucitaremos con él.
Guillermo Ortiz SJ – Reflexiones 21
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