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Por Una Iglesia Comunicada Y Comunicadora,
Evangelizada y evangelizadora.
Encuentro de Delegados de Comunicación de los Países Bolivarianos.
Declaración:
Del 28 al 30 de julio del 2010 nos hemos reunido en Cochabamba Bolivia un grupo de laicos, sacerdotes y Obispos delegados de comunicación de las Conferencias Episcopales de Ecuador, Colombia, Venezuela y Bolivia convocados y animados por el Departamento de Comunicación y Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM.
El objetivo de este encuentro ha sido compartir experiencias de comunicación, revisar avances, retrocesos, logros y perspectivas de la pastoral de la comunicación y fortalecer los lazos de fraternidad y compromiso misionero en la región bolivariana.
Iluminados por Jesucristo, comunicador por excelencia en quien convergen el mensaje y el mensajero e inspirados en Aparecida y el gran desafío de la Misión Continental, hemos analizado las exigencias de la pastoral de comunicación en nuestra región y la realidad de América Latina desde los escenarios político, económico, religioso y comunicacional .
En nuestras jornadas de reflexión compartimos algunas preocupaciones y propuestas que deseamos socializar con las Iglesias hermanas de América Latina y del Caribe.
1. En consonancia con la misión de facilitar el encuentro personal con Jesucristo vivo y actual para la sociedad de hoy, asumimos el principio de comunión como sello distintivo de la comunicación. Todos nuestros programas y proyectos adquieren pleno sentido cuando facilitan experiencias vitales de encuentro y diálogo entre las personas, las comunidades y de éstas con Dios.
2. En sintonía con la Misión Permanente, gran desafío de Aparecida, reafirmamos el compromiso de seguir impulsando el proceso de renovación eclesial y su tarea evangelizadora, a través de estrategias de comunicación que favorezcan una mayor difusión y conocimiento de la Buena Noticia. Nos comprometemos a vivir la misión en nuestros hogares, parroquias, medios de comunicación y desde nuestro testimonio motivar a los hermanos comunicadores y periodistas a responder con ardor y esperanza al llamado de Jesús.
3. La realidad de nuestros países nos interpela y nos exige ser partícipes de la misión profética de la Iglesia, a la luz de la Doctrina Social y el Evangelio. Acogemos el desafío de ser fieles a la verdad y hacer patentes los valores del Evangelio: libertad, justicia, reconciliación y perdón para incidir positivamente en la generación de opinión pública.
4. El Documento de Aparecida y los Mensajes del Papa Benedicto XVI a los comunicadores sociales insisten en hacer visible el rostro de Jesucristo en la cultura digital. A tal fin nos comprometemos a promover un mayor acceso y participación de la comunidad eclesial en los medios, impulsando iniciativas de alfabetización digital y educación para el uso ético de estos recursos.
5. Conscientes de la vocación comunicadora de nuestros Obispos y sacerdotes y de la importancia de su presencia y testimonio en la sociedad, comprometemos nuestros esfuerzos para apoyar su formación en una comunicación integral que abarque los ámbitos humano, técnico, ético, pastoral y espiritual.
6. Como comunicadores al servicio de la comunión, nos unimos al llamado de nuestros Pastores para pedir a las autoridades de Colombia y Venezuela, preservar la paz y las buenas relaciones que han caracterizado a estos pueblos.
Junto a nuestras oraciones encomendamos estos propósitos al amparo de Nuestra Madre, la Virgen de Urcupiña, venerada en Bolivia como Patrona de la Integración.
Cochabamba – Bolivia, 30 de julio de 2010
Comisiones de Comunicación y Prensa de
Conferencia Episcopal de Bolivia; Conferencia Episcopal de Colombia; Conferencia Episcopal de Ecuador; Conferencia Episcopal de Venezuela; Arzobispado de Cochabamba; Departamento de Comunicación y Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano.
José H. Rivera; Carmen Bocángel; Rómulo Soliz; Juan Carlos Dorado; P. Fernando Carrillo; Olivia Olivera; Richard Romero; Raúl Guzmán; Ignacia Alba; Mirian Amagua; Juan Carlos Hinojosa; P. Hugo Ara; Gliderbys Suárez; Luz Marina Medina; P. Carlos Arturo Quintero; Mons. Sergio Gualberti
LA COMUNICACIÓN CATÓLICA: COMUNIÓN Y DIÁLOGO IGLESIA-MUNDO
Palabras de Mons. Claudio M. Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, a la Revista Vida Nueva Colombia
Excelencia, señoras y señores:
Buenas tardes a todos ustedes. Me alegra estar aquí, junto con el Excmo. Mons. Juan Vicente Córdoba, Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia, hoy que se formaliza el inicio del lanzamiento de Vida Nueva Colombia. Un nuevo espacio comunicativo eclesial enraizado en esta tierra, pero al mismo tiempo con una vocación latinoamericana pues espera poder crear ediciones también en otros países.
Mi presencia en medio de ustedes es para animar a todos quienes sintiéndose parte de la Iglesia Católica viven su vocación desde y a través de la comunicación.
Después del primer documento conciliar Inter mirifica, la Iglesia ha hecho un largo camino impulsada por el extraordinario evento que fue el Vaticano II, y por el Magisterio de los grandes pontífices Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Hemos visto florecer en estos años un enorme número de obras de comunicación en todo el mundo: prensa, radio, televisión, Internet. Esta fecundidad resulta precisamente de que la Iglesia tomó conciencia de que su misión es comunicación. Y que la comunicación según Dios suscita comunión entre las personas. Y que las personas en comunión actúan como fermento en la masa de la sociedad. Nuestra identidad básica consiste en vivir y expresar la comunión que la Iglesia vive en Cristo, por Él y en Él, con el Padre y el Espíritu Santo. Signo visible, principio y fundamento perpetuo visible de la unidad de la fe y de la comunión es el Santo Padre y los Pastores unidos a él.
Junto a esta identidad compartida por todos, las iniciativas de comunicación en la Iglesia son muchas y diversas. Cada una responde a situaciones, necesidades, carismas específicos. Se expresan en estilos, sensibilidades y lenguajes distintos. Algunas tienen por vocación la catequesis y el servicio al cuerpo de la Iglesia en su interior; otras, hacen de puente entre la Iglesia y el mundo intentando hacer comprensibles la una al otro y viceversa. Otras más, bogan “mar adentro” para interpelar a los alejados y a quienes desconocen o rechazan lo poco que saben sobre el cristianismo. En cada caso el medio asume el lenguaje necesario para ser comprendido y establecer un diálogo con sus destinatarios e interlocutores. El mensaje amoroso del Evangelio es el mismo; pero las maneras y estilos en que se derrama por el mundo, son diversos según el Espíritu les inspira.
El Papa Juan Pablo II abrió decididamente la dimensión mediática de la misión eclesial y parecía difícil ir más allá. Pero no. El Santo Padre Benedicto XVI lo ha hecho, animando incansablemente a la Iglesia a realizar un auténtico servicio o diakonia de la cultura , de esta cultura que llamamos digital. Sabe que ello requiere conocimientos, buena teología y madurez humana. Pero no tiene temor de convocarnos a este desafío; desea que abramos espacios como el “patio de los gentiles” en el Templo de Jerusalén, que sean ámbitos de búsqueda de la verdad, de acercamiento al Misterio de Dios aunque éste sea apenas intuido por quienes allí acudan. La Iglesia se pone como servidora del hombre que busca a Dios aun a tientas, y lo hace con amor y humildad.
Sabemos, además, que los cristianos no tenemos en el mundo el monopolio del bien; el Espíritu sopla donde quiere; las Semillas del Verbo están presentes en todas las culturas. Los medios eclesiales hacen bien en señalar todo lo bueno que ya hay en las sociedades a las que sirve, sean o no cristianas. Eso es hacer una forma de profetismo que podríamos llamar “de Nuevo Testamento”: surge de la convicción de que el Resucitado nos precede en la misión. Creo que eso es lo que Vida Nueva se propone hacer, cuando dice que desea ser “una voz significativa en la sociedad y una voz libre, clara, respetuosa y propositiva.”
Cuando a los periodistas les adorna una auténtica profesionalidad, el amor a la verdad y la integridad, generan respeto y adhesión. Parece ser el caso de las personas que llevarán la revista aquí en Colombia. Les deseo un buen trabajo en su servicio a la Iglesia y a la sociedad colombiana.
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