Espiritualidad del Comunicador
 
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SAN MAXIMILIANO KOLBE MÁRTIR DE LA CARIDAD

Patrono de los periodistas en todas
las ramas de las comunicaciones sociales

COMO JESÚS POR MÍ

Dentro de los altos y oscuros muros alambrados, espesos de terror, sobre una pobre ‘litera-cruz' Maximiliano María Kolbe, en agosto de 1941, dio vida a su compañero Francisco Gajowniczek, muriendo en su lugar, como Jesús por mí . ‘No olviden al amor' había dicho a sus frailes franciscanos este sacerdote antes de que los apresaran. La memoria de Maximiliano Kolbe y estas ‘reliquias' del campo de concentración de Auschwitz, donde lo ejecutaron, me remiten hoy al mismo Corazón de Cristo que ‘me amó y se entregó por mí' (san Pablo) Me hacen presente la cruz del Gólgota donde Jesús ofreció su vida por mí.
Hoy tengo mi oportunidad de Vida, porque Jesús ocupó mi lugar. Por amor pagó por mí siendo inocente.
Con la última foto del padre Maximiliano, tomada por los nazis en el momento de ser apresado, se puede observar un pedazo de alambre de púas del campo de concentración donde fue martirizado, un trozo de revoque de un muro, una astilla de madera de una litera y tres piedras del llamado ‘camino de la muerte', del mismo sitio de extermino de Auschwitz.
1. Me pongo en presencia del Señor en un espacio adecuado para rezar so-lo.Kolbe rezaba mucho frente al sagrario. Jesús en la Eucaristía se hace presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad.
2. Pido por intercesión de san Maximiliano Kolbe, la gracia de la oración: ‘Que todas mis intenciones, acciones y operaciones, sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de Dios nuestro Señor'. San Ignacio de Loyola
3. Recuerdo brevemente la historia de Maximiliano Kolbe.
4. Miro su foto tan significativa... Le doy vida y movimiento... Su corazón palpita fuerte debajo del abrigo y sus labios me repiten: ‘No olvides el amor' ... Después, bajo el roto uniforme de prisionero, su corazón volvió a latir muy fuerte como signo de que había llegado el momento del acto supremo: imitar a Jesús en el martirio, dando literalmente la vida por otro... Intento imaginar el momento... Tantos sentimientos encontrados... La vida plena está del otro lado... Coraje y miedo... Pobreza... Hambre... Desnudez...
Hasta la inyección letal...
¿Qué pienso?...
¿Qué siento?...
¿Qué me inspira su persona y su testimonio?...
¿Qué bendición, qué milagro le pido? ...
5. Gracias Señor por la persona de Maximiliano que hoy intercede ante vos por mí... Discurro en oración hablando interiormente con Jesús, o con el mártir santo, dando gracias, pidiendo gracia, según lo que pienso y siento.
6. Vuelvo a contemplar la foto de Kolbe...

Testimonio de una periodista Florencia, nos da su testimonio: ‘El sábado 18 de junio de 2005, en Regina Martirum, ví por primera vez en mi vida una gran foto en blanco y negro de San Maximiliano Kolbe. Procedía de una foto-carnet tomada a su entrada al campo de concentración. Una foto imposible de olvidar.
Imaginé, en ese instante, la pobreza de Maximiliano, como la de un deambu-lante de nuestras calles: no se había bañado, no había podido lavarse. Además ha perdido todo, hasta su libertad. Así , pobre, entra al jardín del horror y el es-panto: el campo de concentración. Observa todo con ojos penetrantes mientras se siente pegoteado por la violencia, la angustia, el miedo de la gente que lo rodea, en total desamparo. Ve. Él, hombre de la Comunicación , no puede expresar lo que vive, no puede moverse, ni hablar, le han sacado su radio y su imprenta. Solo le queda no abandonarse al terror. Permanece consciente en el aquí y ahora. Solo sus ojos, casi en lágrimas, le permiten expresar, en silencio, todo su dolor. También la impotencia. Su mente brillante y su imaginación no alcanzan a comprender lo que percibe hasta el alma, hasta los huesos. Pero en la firmeza de su mentón que enmarca su bello rostro, se adivina su carácter decidido, no se siente vencido. Maximiliano percibe tras lo inexplicable, el Mis-terio de la Cruz. Mira más allá con inquebrantable fe buscando afanosamente en su interior el porqué de lo que vive y de que manera la Providencia le permi-tirá encontrar un sentido a esta nueva vida, que hoy comienza. En los días que siguen se abre a los demás y muere finalmente entregando su vida a cambio para salvar la de un padre de familia. El recuerdo de su foto me cuestiona como Comunicadora. Al mismo tiempo, la fuerza del rostro de Maximiliano que trasciende la imagen de un hombre vulnerable, me contagia valor, el valor que nace de lo profundo, de la confianza absoluta en el Señor'.

 
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