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Sobre las huellas de Jesús, Benedicto XVI pasó como otro Cristo. Peregrino de la fe el Sucesor de Pedro y Obispo de Roma pisó los lugares santos sin vacilar en su corajuda intensión de ser realmente peregrino de paz y rezar por el don de la paz en los lugares sagrados de tres religiones. Y en la encrucijada de ideologías, compromisos y fundamentalismos, soporto con humildad y serenidad; con ese mismo coraje que pidió a la minoría cristiana de esa región del planeta que, según él mismo dijo después: “Tierra Santa, por su misma historia puede ser considerada un microcosmos que resume en sí el fatigoso camino de Dios con la humanidad…” (Regina Coeli 17-05-09)
Es cada vez más claro quién quiere dialogar y quien utiliza el intento de diálogo para sus propios intereses. Pero muchísimos hombres y mujeres de buena voluntad, que buscan una esperanza para el mundo roto, no podrán borrarse la imagen de este testigo de la fe peregrino en Tierra Santa. Se reconocieron en los gestos de projimidad de Benedicto XVI con las víctimas de la injusticia, y de valentía frente a los responsables actuales; con el que cargó claramente con el peso del trabajo, esos días, como un verdadero ‘padre'.
Con todo, la paz es un don de Dios que podemos aceptar o rechazar, que debe ser construido entre todos. Solo el tiempo dirá la magnitud histórica del aporte religioso y varonil de Benedicto XVI. Admirados de su coraje, agradecemos al Señor el Padre y Pastor que nos ha dado. Guillermo Ortiz SJ
“No gritará… No quebrará la caña rasgada, ni apagará el pabilo que aún humea. Por la verdad alcanzará la justicia” (Cfr. Isaías 42,3)
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