Sagrados Peregrinos
 
En Baja
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Coraje

“Felices los que trabajan por la paz Sus palabras fueron traducidas y transcriptas literalmente en diarios y medios de difusión del mundo entero; manipuladas y caricaturizadas por los servidores de la desinformación; y también atentamente escuchadas por hombres y mujeres de buena voluntad; analizadas, estudiadas en detalle y repetidas por estudiosos, teólogos de las distintas religiones, maestros y constructores de paz.
Pero el único mensaje repetido en diversas lenguas, conforme a los tiempos, lugares y personas, para fundamentar, pedir, luchar, defender, dialogar por el don de la paz, está sostenido por un coraje mayúsculo.
¿Quién se anima a pronunciar palabras semejantes, así valerosamente, frente a los mismos beligerantes y en el mismo lugar del conflicto?
Muchos que lo vieron directamente y muchísimos que acceden a su imagen a través de la TV o que escuchan su voz cascada de anciano por la Radio, se conmueven más por la actitud y los gestos que sostienen estas palabras; se asombran con la figura humilde, firme, segura y confiada de Benedicto XVI, que se hizo presente, rezó, escuchó, compartió las angustias y esperanzas de tantos diversos y habló, en un punto crucial de enfrentamientos sangrientos y divisiones lacerantes como Tierra Santa.
No quebrará la caña rasgada, ni apagará el pabilo que aún humea No se lleva el viento las palabras sostenidas por un cuerpo y un alma que ofrecen la vida y el ministerio por la paz entre Dios y los hombres, y entre los humanos entre sí. El poder de la palabra sabia se apoya en el gesto generoso del que se dona entero, trabaja incansable y soporta incomprensiones y afrentas por la paz sin importarle de sí mismo.

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