Sagrados Peregrinos
 
 
 


Necesito una mamá que haga de María de Nazaret en mi pesebre Brocheriano y pienso en esta mamá de nuestra Comunidad de devotos de Brochero a la que se le murió su hija este año. Bety Oliva ahora se parece mucho a María de Nazaret, que tuvo que velar a Jesús muerto, con tanto dolor, antes que resucitara. Bety tiene esa herida profunda del corazón de madre que puede hacer muy bien de ‘cuna' a Jesús; como el corazón de tantas mamás de entre nosotros que están sufriendo mucho, luchando y trabajando por su familia, a veces sin entender porqué tanto sufrimiento. ¡Cuánto necesitamos y agradecemos el valor y la ternura de las madres; de la mujer!
En nuestra zona en diciembre hace calor. Pero en Belén igual que en Roma -donde estoy ahora-, es invierno. En la madrugada de esta mañana del 19 de diciembre había 1 grado bajo cero. Por eso algunos en Traslasierra ponen harina en los cerros y sobre el techo del Pesebre, para imaginar la nieve y el frío que pasó la familia santa, lo mismo que los pastores que cuidaban sus ovejas por la noche amparados solo por algún árbol y nada más.
Por lo del frío me acordé de esa vez que con el Cura Brochero, en uno de los tantos cruces de la sierras en invierno para los Ejercicios Espirituales, tuvieron que sacrificar y abrir un animal, para que el calor de las vísceras salvara a uno que se le congelaban las piernas.
Lo cierto es que me imagino ahí a Brochero con su sotana y su sombrero, haciendo fuego para tener algunas brasas, y atento a todo lo que haga falta. Pero nunca fuera de lugar y metido en otra cosa que no sea lo suyo, porque el trabajo de siempre de Brochero fue ese: hacer presente a Jesús en cuerpo, sangre, alma y divinidad en la misa , en la Eucaristía, como sacerdote , igual que en el Pesebre, donde Dios se nos hace presente por primera vez en el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad del Niño Jesús, Hijo de Dios hecho hombre.
Por eso la cuna del Pesebre es para mí uno de esos altares de nuestros templos pobres. Una mesa de madera fuerte, en el mejor de los casos, con el mantelito blanco, como los pañales del Niño Dios.
Pero ahí, en ese frío que hace echar humo por la boca y la nariz de la gente y los animales, ahí está Jesús vivo y presente entre nosotros y para nosotros. Es el mismo Jesús de la misa, consagrado por Brochero sacerdote y todos los sacerdotes del mundo... También por mí, que lo mejor que haré la Noche Buena es consagrar el pan y el vino, transformados por las palabras y el mandato de Jesús en su Cuerpo y Sangre. En el Pesebre aparece el cuerpito de Jesús recién nacido de María y también la sangre de su cordón umbilical cortado: ‘Esto es mi cuerpo… mi sangre…” como decimos, hacemos y comulgamos en la misa.
Ya tengo todas las piezas fundamentales del Pesebre. Pero tengo que levantar los ojos y mirar lejos porque necesito un espacio grande, muy grande; un campo inmenso bajo el cielo de estrellas para toda la gente que quiero en el Pesebre, para los pastores y los vecinos que se vienen corriendo cuando escuchan la noticia del ángel que Dios nos puso a todos, solo que a veces tenemos más fuerte la TV o la discusión, o estamos preocupados por la comida y la bebida, por eso no escuchamos. Pero a todos, el ángel del Señor nos invita al Encuentro con Jesús.
Entonces veo venir a toda esa gente humilde, pobre, pero buena y honesta que bajaba de las sierras y salía del monte -como hormigas- para llegar, desde tan lejos y escondido, a la catequesis, a la misa, a los ejercicios espirituales organizados por el Venerable José Gabriel Brochero.
Son miles y están contentos, como siempre quedan contentos todos los que rezan mucho y terminan encontrándose con Jesús que es alegría, fuerza y luz de la vida; agua pura que nos limpia y nos fecunda para que demos mucho fruto; fuego que incendia de amor los corazones y nos une en comunidad, pan para el camino y para compartir la mesa, bálsamo en el dolor, sello de comunión en el amor.
El Pesebre brocheriano es una fiesta de amor, de alegría. La vaca pampa es menos brava y la mula malacara no se espanta, está tranquila porque a ese Jesús del Pesebre ella ya lo olfateo muchas veces entre las manos del Cura Brochero, que llevaba siempre en sus andanzas las cosas para la Misa sobre la mula.
Y, permítaseme la pretensión, como coro de ángeles me imagino a todos esos hermanos míos sacerdotes jesuitas que le dieron una mano a Brochero en esas multitudinarias tandas de ejercicios. Sobre la sotana negra tienen puesta el alba blanca y la estola dorada de los con-celebrantes en los días de fiesta. Trabajaron mucho para hacer presente a Jesús entre los paisanos; predicaron, dieron la absolución de los pecados a los paisanos que se arrepentían realmente y cambiaban de vida. Formaron una comunidad con los paisanos, junto al ‘Paisano Número Uno': el Cura Brochero.
Como reyes magos del Pesebre Brocheriano, se me presentan a la imaginación todos aquellos vecinos generosos y honrados que ayudaron desinteresadamente al Cura compartiendo sus bienes, para que Brochero pudiera construir la Casa de Ejercicios, los templos, el Colegio y tantas cosas elementales y esenciales que necesitaban y necesitamos.
Al final, me siento muy bien entre mi gente del Pesebre Brocheriano, y te cuento, por si acaso, que a pesar que somos tantos, muchísimos, hay lugar también para vos. Te esperamos.
Un mes después de la Navidad, el 26 de enero, nos reuniremos en Villa Cura Brochero para celebrar un aniversario más del ‘Paisano Número Uno'. Ahí el obispo de Cruz del Eje, Mons. Olivera, con otros obispos y tantos sacerdotes y religiosos, haremos presente a Jesús en la misa. El mismo Jesús del Pesebre de Navidad… Nos encontraremos con Jesús, convocados nuevamente por el Cura Brochero.
Bendición, Guillermo Ortiz Vázquez SJ

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