| |
El Puente, jesuita Guillermo Ortiz - RV (Audio)
“Estábamos aislados, incomunicados. Era imposible pasar del otro lado, hasta que hicieron el puente colgante”, expresa Francisca, que vive junto a los precipicios de la Cordillera en Latinoamérica.
‘Pontífice’ viene de puente. Si, de ‘puente’. Viene de la autoridad que Jesús le dio a Pedro, primer Papa, con la imagen de la roca; del atar y desatar, y de las llaves: “Tu eres Pedro, sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Yo te daré las llaves… Lo que ates y desates en la tierra será atado y desatado en el cielo” (Cfr. Mateo 18). Jesús lo quiso así. Hay un puente y unas llaves para el abismo entre el cielo y la tierra. No importa si el puente es de madera o de hierro y cemento. Importa que se pueda pasar al otro lado. “Yo soy la puerta”, dice Jesús, y Pedro aparece con las llaves.
Juan Pablo II como obispo de Roma y Sucesor de Pedro fue Sumo Pontífice, ‘puente’ entre el cielo y la tierra. Y parece que ahora en el cielo, también ata y desata, porque hay devotos que recibieron milagros por su intercesión. Sigue habiendo ‘conexión’, como el caso de la hermana Marie Simon Pierre, que se curo del mal de Parkinson por su intercesión.
¿Qué le pido a JPII? Él entró en el cielo como un Pontífice, que nos ayudó al encuentro con Jesús. ¿Cómo ser devoto de JPII y no pedir a Dios, por su intercesión, la gracia del sentido de familia; del amor a Jesús, pero en la Iglesia de Jesús?
Jesús con ‘nosotros’
“Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea” (Cfr. Juan 17), reza Jesús con sus discípulos en la última cena. También dijo: “Donde dos o mas se reúnen en mi nombre ahí estoy yo en medio de ellos” (Cfr. Mt.18)
Juan Pablo II nos ayudó a encontrarnos con Jesús reunidos en familia, como Iglesia. La mayoría de estos encuentros fuertes fueron misas multitudinarias donde JPII sacerdote, Sumo Pontífice hizo la Presencia viva de Jesús Eucaristía; Jesús que nos reúne, nos junta en familia, como Iglesia católica, apostólica y romana.
Así conocimos a este ‘polaco’, porque fue elegido Papa de la familia. Si nó, no lo hubiéramos conocido. Conocimos a Carol Wojtyla, cuando nos visitó como misionero en nuestro país, Vicario de Cristo, obispo de Roma. Él nos dijo que hay que amar a la Iglesia, que no se puede amar a Jesús sin amar a su Iglesia, por quien Jesús dio la vida (Cfr. 28-01-1979, Méjico).
¿Cómo manejo la tentación de cortarme solo, de vivir la fe cortado del Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia, la comunidad, la familia que formamos en la diócesis, en la parroquia? Los pecados de otros sirven como excusa para cortarse solo. Pero ¿hay fe cristiana verdadera fuera de la comunidad, de la ‘familia’? Tenemos a nuestro Padre Dios, nuestra Madre la Virgen, al hermano mayor Jesucristo, que nos hace “hijos en el Hijo” y hermanos entre nosotros.
Sentido de familia
Pertenezco o no pertenezco, con todas las consecuencias. Una religión individualista, personal, cortada de la familia no es la fe de la Iglesia católica, aunque tenga ‘razones importantes’.
Pero, si me peleo con el carnicero, el panadero, el verdulero ¿qué como? Voy al mercado por el producto y no por la cara del despensero. Y en la comunidad, en nuestra familia de la Iglesia, es donde Jesús ofrece a sus discípulos misioneros, la Vida plena y feliz de crucificado-resucitado. Esta Vida no se puede ‘robar’ individualmente, es para compartirla como pan de los hijos en familia. Y somos hijos por el sacramento del bautismo que recibimos en la Iglesia.
Pidamos por intercesión de Juan Pablo II el ‘sentido de familia’, el ‘sentir con la Iglesia’ en el lenguaje de san Ignacio de Loyola. En un tiempo de Papas discutidos, san Ignacio se ofreció al Papa con sus compañeros, con voto de obediencia, para ir donde el Papa lo enviara. Cree que el Papa es el Vicario de Cristo en la tierra, se llame Juan, Pablo, Pedro o José. Afrontemos el conflicto como hombres y mujeres maduros, para gozar intensamente todo lo bueno y lindo de la ‘familia’. Pero haciéndonos cargo de la cruz, como lo hizo Jesús, Pedro, Juan Pablo II; como lo hace un buen hijo, un buen hermano: “en familia”.
|
|