Sagrados Peregrinos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


IGNACIO DE LOYOLA
Hombre de fronteras
Guillermo Ortiz SJ
Dedicado a Ignacio Valentino Mayer

Lectura - Contemplación de la imagen de San Ignacio de Loyola de la Iglesia Regina Martyrum de la Ciudad de Bs. As.
Cuando el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, Benedicto XVI confirma a la Compañía de Jesús en la misión de ir a las fronteras –recibida de los Papas-, mira a Ignacio de Loyola y su vocación; el espíritu que el Señor infundió en él; el modo en que el Señor lo modeló y lo transformó en instrumento suyo en la Iglesia , para la Gloria de Dios siempre mayor, porque Ignacio de Loyola es un hombre de frontera.
Esto aparece claramente en la imagen de San Ignacio de la iglesia de Regina Martyrum:
El bastón de la Cruz lo sacó del pozo El santo ‘peregrino', patrono de los Ejercicios Espirituales: Ignacio de Loyola, puesto al servicio del Papa, donde el Vicario de Cristo lo quisiera misionar a él y sus compañeros, empuña un bastón en su mano izquierda, la mano del corazón. Es el bastón del peregrino que sale de sí mismo y se pone en camino hacia el Encuentro con Dios y los otros.
No es el bastón-garrote, arma o palabra hiriente; reacción agresiva con la que golpeamos cuando estamos ‘fuera de sí'.
Este ‘salir de sí mismo' desde la Casa de Loyola, y todavía convaleciente de la herida mortal de la batalla en Pamplona, no es reacción, es respuesta a la voz del Señor que empieza a resonar en su interior junto a otras voces, que él trata de escuchar atentamente, para discernir; es respuesta conciente, libre y decidida al Amor de Jesús: “mirando la cruz –dice-, pienso: qué hice, que hago, qué debo hacer por Cristo'.
El vagabundo que no tiene una meta, no usa bastón. El errante, es decir, el que yerra el camino, gira equivocado en el yo-mío-para mí, egoísta y mezquino, hasta precipitarse en el abismo oscuro y vacío de una vida sin sentido, como era la vida de Ignacio de Loyola antes de la bala de cañón que le rompió la pierna.
El bastón de san Ignacio está rematado por la cruz de Jesús, porque la cruz es la gran ‘ayuda' que Dios ofrece para salir del pozo de mi vida sin sentido.
El muro que levanta la vanidad, el orgullo, el amor propio, la vergüenza mala, es la primera frontera que Ignacio acomete; la frontera del combate interior decisivo para responder al llamado a la Vida nueva del Encuentro con el Señor, con verdadera libertad; para ponerse realmente en camino y hacerse peregrino de Dios.
Venciéndose a sí mismo, Ignacio de Loyola reconoce su debilidad, que no puede salir por sí mismo del error, la dependencia, el apego, la adicción, el vicio – que él denomina: ‘afección desordenada'. Y por la confesión y el perdón de los pecados, recibe, siente, gusta, el gozo intenso y profundo de la caricia sanadora y vivificadora de la Cruz, para iniciar otro camino, una vida nueva.
En la peregrinación de Ignacio de Loyola el sacramento de la reconciliación es clave. Y la conciencia de esta frontera existencial entre la vida y la muerte es una gracia esencial. El paso liberador hacia la Vida es la misericordia, el perdón que brota de la Cruz de Jesús en la Iglesia.
Por eso el bastón-cruz de esta imagen de San Ignacio es dorado. Está transfigurado por la luz de la Vida nueva de Jesús resucitado. No es una cruz de muerte, sino de renacimiento.
¿Cómo estoy, estás, en relación a la frontera de la misericordia?; ¿Todavía crees que puedes solo con tu renguera espiritual, sin la ayuda del bastón de la Cruz, del perdón de Jesús?

 

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