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¿Dónde está Dios en Haití?
Guillermo Ortiz SJ - RV
Fue un ‘ shock ' tremendo el terrible terremoto en Haití, también en la sensibilidad de las personas.
Me sucedió que lo supe primero por la gente, antes que por las noticias de los medios de difusión, y decidí seguir esa veta de las reacciones distintas y conmovidas.
La reacción positiva fue un verdadero aluvión de solidaridad. Pero hay muchos que sin ser directamente heridos por la catástrofe son afectados en su esperanza, en su fe.
Elvira, de la ‘Comunidad de Reflexiones 21' en Bs. As. dio su testimonio en el grupo de oración: “Soy creyente –dijo, pero cuando supe y vi las imágenes del terremoto me pregunte seriamente ¿dónde está Dios? Y me quedé confundida. Recién cuando vi a los que ayudaban a sacar un niño de entre los escombros sentí fuerte y claramente: Dios está en el corazón de los que ayudan . Y yo puedo ayudar rezando.”
Con el terremoto de Haití se desató la solidaridad, pero también hubo violencia por el hambre. Muchas familias apuraron el trámite de adopción y también la codicia clavó sus dientes para el tráfico de niños. Probablemente sucedió como en mi país donde algunos ‘políticos' se guardan las ayudas destinadas a los damnificados para entregarlas recién en el tiempo de elecciones.
Por eso entiendo que cabría preguntarse si no es más letal todavía que un terremoto la miseria de Haití. Porque Haití es pobre y está destrozada por la injusticia inhumana desde antes del terremoto del 12 de enero de 2010.
La pobreza tiene sus responsables, como tienen responsables los desvergonzados fracasos de las cumbres últimas de la FAO y sobre el ‘Cambio Climático', por ejemplo, en las que los poderosos no lograron acuerdos porque persiguen intereses particulares mezquinos.
Pero los poderosos darán cuentas a Dios por sus actos, conforme a la responsabilidad y posibilidad que recibieron de trabajar por el bien común y la dignidad de las personas, lo mismo que vos y yo, que cada uno de nosotros, simples ciudadanos del mundo, conforme a la responsabilidad y posibilidades que tenemos.
¡Si abriéramos el corazón al amor victorioso de Dios y cada uno amara tanto como pueda!
Continuarán los desastres naturales, pero la tragedia será siempre menor.
En medio de los grandes intentos -que el egoísmo mentiroso, ladrón y asesino, y los intereses particulares transforman en desvergonzados ‘intentos fallidos'-, se levanta la voz del Sucesor de Pedro en Roma, hoy casi la única voz universal en defensa de la libertad y la dignidad del hombre.
Como padre, pastor y sacerdote Benedicto expresó su “inmensa tristeza” por el terremoto, rezó y reza por las víctimas, invitó a todos para que “el espíritu de la solidaridad viva en todos los corazones” y aseguró al pueblo haitiano que “ la Iglesia católica a través de sus instituciones estará al lado de todas las personas afectadas por este desastre y, en la medida de sus fuerzas, los ayudará a volver a encontrar sus oportunidades para un futuro mejor.” (B. XVI, 23-01-10)
El mismo Papa, en la última oración del Ángelus del 31 de enero de 2010 nos recordó que la caridad es el don más grande, es el amor auténtico, aquel que Dios nos ha revelado en Jesucristo. Quién ama verdaderamente “no busca el propio interés” (Cfr 1 Cor 13, 4-7). Al final cuando nos encontremos cara a cara con Dios todos los demás dones quedarán atrás; el único que quedará eternamente será la caridad -dijo. “Por ahora, mientras estamos en este mundo, la caridad es el distintivo del cristiano. Es la síntesis de toda su vida: de aquello que cree y de aquello que hace. El amor es la esencia de Dios mismo… es, por decirlo de alguna forma, el ‘estilo' de Dios y del hombre creyente, es el comportamiento de quién, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí mismo a Dios y al prójimo. En Jesucristo estos dos aspectos forman una perfecta unidad: Él es el Amor encarnado. Este Amor nos ha sido revelado en Cristo crucificado.
“Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que… sepamos vivir una vida de auténtico amor –concluyó el Papa. Un amor que se alimenta del encuentro con Cristo en la Eucaristía y se manifiesta en gestos concretos de atención y caridad hacia el prójimo.”
Amigo: Abrir el corazón al amor de Dios es la mejor manera de prevenir la mayor tragedia del hombre: el daño que día a día provoca el egoísmo con su prepotencia. Que también a nosotros, aquí y allá, nos socorra de la gran catástrofe del egoísmo Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de Haití.
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