Sagrados Peregrinos
 
En Baja
 
 
 
 
 


Escuchar : Para acercarse a este ‘Rostro' los invito ‘escuchar' , leer y releer una y otra vez el texto del 25 de diciembre del Evangelio de San Juan capitulo 1, versículos del 1 al 18. Sumerjámonos de lleno en la Palabra de Dios por un rato.
Puede parecer complicado tratar de entender, de encontrar ‘algo que explique o haga sentir un poco más la historia' (Ejercicios nº 2), pero si hacemos mucho silencio interior, el mismo Señor nos ayudará a entender, ‘sentir y gustar internamente' lo que él quiera de Su ‘Palabra' hecha carne.
Si los conceptos de Juan resultan difíciles, podemos traer la imagen del pesebre: el niño con José y María en una cueva-corral de animales, como aparece en el Evangelio de san Lucas y que leemos en la misa de Noche Buena.
En los dos casos Jesús es la Palabra que el Padre Dios nos dice. El Padre Dios no nos condena por nuestra rebeldía y terquedad, como correspondería porque me corté solo y te cortaste sola/o, sin Dios, en una vida turbia, vacía y ‘deshonrada' . El Padre Dios no me abandona cuando le doy la espalda. Me toca, me acaricia con la mirada, el tacto, el cuerpo y la sangre de Jesús, su Palabra hecha carne. Su Palabra me purifica, me cura y vivifica.
Esta Palabra dice: ‘Te perdono', ‘Salí del sepulcro', ‘Levántate y camina', ‘Vine para que tengan vida y la tenga en abundancia', ‘¡Ámense entre Uds .!; ‘Te quiero' .
Jesús es perdón, amor de Dios, caricia, consuelo, ternura, bálsamo, esperanza de Dios y todo lo que se escucha y contempla en el Evangelio.
Si hacemos silencio, la cuna del silencio recibirá la Palabra y el corazón gozará la caricia de Amor que te cura del mal y te llena con la fuerza viva del gozo divino.
Ahí Jesús me toca el corazón cerrado, lo abre a la vida como tocó al leproso, al ciego con sus manos; como toco con el susurro purificador de su voz a la prostituta, o con su grito fuerte a Lázaro muerto y casi podrido.

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