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Cayó en lo alto
Generalmente se cae en lo bajo, pero él cayó en lo alto. Por un tropiezo, por un golpe, por debilidad, siempre la caída es precipitación. Pero él esta caído en lo más alto de la montaña de Monserrate, en Bogotá, Colombia.
Por eso para verlo hay que subir, subir y subir. Y el corazón palpita fuerte y la respiración se agita porque es empinado y muy cuesta arriba y muy alto. No menos que el mismo camino de la vida. Y si es en teleférico los poderosos motores elevan lentamente, como la oración. Sí, como la oración, porque miles de peregrinos suben de diversos modos, después de haber decidido acercarse al Señor Caído, la imagen de Jesús, Hijo de Dios y de María de Nazaret. Y para eso hay que mirar indefectiblemente y siempre hacia arriba, muy arriba y sostener esa mirada el tiempo suficiente.
Pero siempre arriba se descansa, se reposa, y el corazón ardiente adquiere un ritmo acompasado pero intenso, fuerte, porque la búsqueda de la Vida nueva y plena que Jesús ofrece reaviva la vida. Y cuando llegamos arriba si miramos bien, vemos que en realidad el Señor esta solamente con la cabeza y el torso en alto, recostado en la cruz donde ha llegado, y ya tiene la mano derecha clavada al madero, pero nos sigue mirando, diciéndonos, este enorme sacrifico de amor, es para que tu tengas la Vida plena.
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