Sagrados Peregrinos
 
 
 


Pesebre Brocheriano
Capilla del Barrio Brochero, Parroquia de Villa Dolores, Diócesis de Cruz del Eje, Córdoba

Comunidad de Devotos del Cura Brochero:
Les cuento cómo armo el Pesebre para la contemplación de la Navidad de Jesús:
Imagino que el Cura Brochero le presta la mula malacara a la Virgen María para ir a Belén. Son caminos sinuosos como en las Sierras Grandes, la mula los conoce bien.
Por otra parte la mula malacara ya conoce a María santísima. La Virgen no le resulta un cuerpo extraño porque Brochero cargaba sobre ella la imagen de la ‘Purísima', para que los paisanos rezaran y la Virgen les mostrara a Jesús en el corazón, fruto bendito de su vientre.
Cuando llegamos a Belén no hace falta buscar otro burro para poner en el Pesebre. Ya está la mula malacara que sirvió de asiento a María y la trajo ‘pasuqueando'. Ahora sirve para dar un poco de calor. Así que, aunque el sudor de mula no sea el mejor desodorante de ambiente, pongo a la mula malacara dentro del Pesebre.
El Pesebre es el mismo de siempre para mí. Desde hace tiempo lo armo imaginariamente en la 'pesebrera' donde mi abuelo Guillermo Vázquez, de feliz memoria, tenía el 'Lula', el potro alazán que un tiempo cuidó para carreras. Ya viejo y más gordo el caballo, él lo siguió guardando en lo que llamaba ‘pesebrera', en el campo del frente, con dos compartimentos de unos 6 x 6 cada uno, con paredes de barro y techo de paja. Uno usaba el caballo y en el otro estaba el pasto, la avena y el maíz para el morral.
Como vaca para el Pesebre, elijo la ‘vaca pampa' (negra o colorada con la cabeza blanca) que le dio nombre al lugar donde vivió mi madre de niña: 'Pozo de la Pampa'. Algunos imaginan con este nombre, una depresión importante en medio del campo. Pero en realidad, es que había un pozo donde se juntaba el agua y una vaca brava se lo apropió y no dejaba que nadie se arrimara. Por eso quedo 'Pozo de la Pampa'. El pozo era un charco nomás y 'la pampa' era una vaca.
Alguno me dirá que no puedo poner una vaca ‘brava' en el Pesebre. Pero es que el profeta dice que con Jesús viene el tiempo donde la vaca podrá estar junto al león y el niño de pecho meterá la mano en la cueva de la víbora sin problemas. Jesús inunda con su paz a los que nos arrimamos al Pesebre, nos quita la bronca, la rabia, las ganas de pelear, porque hay que dedicarse a cuidar al niño frágil que necesita todo de nosotros y no andar distraídos en pavadas… como a veces hago yo.
Además, en cualquier lado, sobre todo en los mejores lugares, siempre encontramos a ese o esa con el que no nos llevamos bien, sea por nuestros prejuicios o egoísmo o por el egoísmo o los prejuicios del otro o la otra. También ese o esa están invitados al Pesebre igual que yo que soy un pecador. Dejémosle a Jesús el juicio definitivo sobre todos y cada uno…
Así que en este Pesebre tenés que poner un ojo en el Niño y el otro en la vaca brava, por las dudas.
En el puesto de José de Nazaret, el hombre justo, lo pongo a Brochero directamente, porque es un hombre práctico como San José; más de hechos que de palabras, o mejor: ‘de palabra' corroborada con hechos; dedicado entero al trabajo y al cuidado de la gente, sin perder el tiempo en cosas secundarias, sospechas, dudas, competitividad, discusiones…
Me lo imagino a Brochero en el cuero de san José, práctico para acomodar las cosas y todo lo que haga falta. El Pesebre es un lugar de trabajo duro y oración intensa y larga para que Dios esté con nosotros.

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