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Luz del Cielo
Guillermo Ortiz SJ
'El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran Luz; a los que habitaban en sombras de muerte una luz les brillo" (cf. Isaías 9,2-7).
"No es una luz total, como la que inunda todo en pleno día, sino una claridad que se hace en la noche y se difunde desde un punto preciso del universo: Desde la gruta de Belén. Él es la luz que apareciendo disipa la bruma, conjura las tinieblas y nos permite entender el sentido y el valor de nuestra existencia y de la historia.", anunció el sucesor de Pedro, Benedicto XVI el 25 de diciembre de 2008, y citando situaciones graves de conflicto, sufrimiento, odios y atropellos a la dignidad y los derechos de la persona humana, y rogando por los niños del mundo pidió: "Que en todos estos casos brille la luz de la Navidad y anime a todos a hacer su propia parte, con espíritu de auténtica solidaridad. Si cada uno piensa solo en
sus propios intereses, el mundo se encamina a la ruina. . Apresurémonos como los pastores en la noche de Belén. Que su venida no sea en vano. Busquemos a Jesús, dejémonos atraer por su luz que disipa la tristeza y el miedo del corazón del hombre; acerquémonos con confianza; postrémonos con humildad para adorarlo."
'La gloria del Señor los envolvió en su luz' dice el evangelio de los pastores que velaban al raso sus rebaños y que fueron corriendo al pesebre.
El Niño Jesús de la imagen que vemos lleva por nombre 'Luz del Cielo' . Está rodeado de rayos dorados, como en una 'custodia', como cuando adoramos a Jesús expuesto en el Santísimo sacramento del altar.
Sobre el fondo del cielo, Sol de justicia, el Niño nos extiende sus brazos como hacen los niños pequeños cuando piden 'upa' o como cuando se dan a los brazos de otro. Así este Niño parece decirnos: "Recibime, te quiero y quiero ser tu Luz."
Quiere tocarnos, abrazarnos, soplar sobre nosotros el aliento de Vida, el Espíritu que necesitamos y que él sí respira constantemente de su Padre Dios.
El Credo ‘largo' afirma: ‘... Dios de Dios, Luz de Luz... que por nosotros los hombres bajo del Cielo'.
Son incontables los textos de la Palabra de Dios, del Antiguo y Nuevo testamento, que hablan de Dios como Luz; de la Luz de Dios; del Rostro de Dios que brilla sobre nosotros, que nos ilumina el camino.
La liturgia de la Navidad y de la Epifanía (que significa 'aparecer', 'mostrarse', 'iluminar') se enriquece con estos textos de la Luz divina para nosotros.
¡Cuánto necesitamos de la luz en los pozos de tinieblas y de oscuridad de muerte en la que a veces nosotros mismos nos metemos por debilidad y tentación!
¡Cuánto necesitamos de la Luz de Dios en el discernimiento de las decisiones más importantes de la vida, y para no desfallecer en la tristeza y en los valles oscuros por los que atravesamos!
Que Jesús, Luz del cielo, ilumine nuestras tinieblas.
"La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad." (Evangelio de san Juan, capítulo 1)
‘Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti...' Del libro de loa Números 6,22-27
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