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La Virgen en la Escuela
Los chicos se amontonan ansiosos, detrás de la puerta de entrada de la escuela. Una de las niñas no aguanta y sale dos pasos para recibir en sus brazos la imagen de María de Nazaret vestida de luto. Y con los otros niños haciéndole un cordón a la derecha y a la izquierda, la llevan en procesión hacia el patio cubierto donde armaron un altar para venerarla.
Allí, escucharon con atención el relato del Evangelio que nos refiere la presencia de María junto a la Cruz de su Jesús y la explicación del sacerdote de que es ahí cuando Jesús gesta la familia de los hijos de Dios con su ofrenda de amor extremo.
Después llevaron al altar las flores y las cartas que escribieron a la Madre de Dios y rezaron el Ave María.
Como es el momento de Jesús crucificado, la Virgen aparece llorando, en esta imagen, y con un pañuelo blanco. “Dios, María, no quiero que lloren. Los quiero mucho” dice un niño en su carta. “Me da gusto que seas mi Madre”, dice otro. “Que no nos falte el pan en la mesa”, “que tengamos plata para los remedios”, “que mi papá tenga trabajo”, “que mi abuelo no se muera nunca”, “que mi mamá salga de la cárcel porque la extraño más que a nadie”, dicen algunas de los cientos de cartas.
Chicos de 11 escuelas no confesionales recibieron la imagen de la Virgen , durante la novena de Nuestra Señora de los Dolores en Villa Dolores, ciudad de Traslasierra en Córdoba, Argentina.
A la sombra del cerro Champaquí
Por el año 1856 el cura Juan Vicente Brizuela trajo de la provincia de La Rioja , en Argentina, a lomo de burro, una imagen de la Virgen de los Dolores, para fundar con ella la ciudad de Villa Dolores, a la sombra del cerro Champaquí.
El mismo cura hizo el trazado del pueblo con la Iglesia al centro, al frente del sendero por donde los pumas bajaban a beber al río de Los Sauces. Por eso el lugar se llamaba ‘Paso del león'.
Brizuela tuvo dificultades con los vecinos del otro lado del río, que vieron el nacimiento de la villa como una amenaza para el progreso de San Pedro, y hasta lograron con sus denuncias que la iglesia le hiciera un proceso canónico. Por eso el cura está enterrado humilde, sin lápida, a la entrada izquierda del templo que construyó. Pero él ya había entronizado a la Madre de Dios, después de traer su imagen en un burrito. Por eso, sucedió como en Belén, la Virgen nos ofrece allí a Jesús desde la fundación de V. Dolores; y nos pone la mesa del altar para que adoremos y recibamos al Hijo de Dios en la Eucaristía.
Y aunque María está vestida de luto por la muerte de Jesús, con el pañuelo blanco nos ofrece su propio consuelo, el consuelo que a ella la curó de la pena y le llenó el corazón de alegría: cuando el Hijo de Dios se le presentó resucitado y glorioso.
Nuestra Señora de los Dolores, que la resurrección de Jesús nos quite la pena, como curó tu dolor y llenó tu corazón de alegría.
Una sola familia
La ciudad de Villa Dolores ha crecido más que las otras, en el valle de Traslasierra. Desde ella vemos en invierno las Sierras Grandes nevadas. Y cuando el 5 de septiembre cruce por el Camino de las Altas Cumbres, trazado sobre las huellas del Cura José Gabriel Brochero, había todavía restos de nieve junto al camino.
¿Se imaginó Brizuela una Villa Dolores así? Seguramente no. Pero, del inicio del trazado del pueblo podemos adivinar su intención. Cuando entroniza a la Madre de Dios en el centro, el profundo deseo de este sacerdote de Cristo, era que el pueblo se formara como parte de la familia de los hijos de Dios; la familia que Jesús funda con su sacrificio de amor extremo. En ese momento de la cruz, además de hacernos hijos de Dios y hermanos por el perdón, Jesús nos da su propia Madre como Madre de todos, y le pide que nos reciba a todos como hijos adoptivos de Dios.
Los pumas eran dueños del monte en aquel tiempo y desaparecieron. Hoy ese otro puma voraz, mentiroso y asesino del mal; del egoísmo, se quiere devorar el amor de familia en cada pueblo. Brizuela hizo primero la Casa de la Madre para que allí recordemos que, como hijos de Dios todos somos hermanos y debemos compartir en el amor, la vida y los bienes; como una sola familia.
¡Que la piedad y el amor salven y hagan feliz nuestra familia de los hijos de Dios!
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