Ella nos abraza en su regazo de Madre "Virgen del Carmen"
Es un abrazo de la Madre El escapulario de la
Virgen del Carmen se reduce hoy a su símbolo: dos hilitos delgados con dos cuadraditos de paño con la imagen de la Virgen. Así aparece ofreciéndolo María de Nazaret en las imágenes de Nuestra Señora del Carmen. Pero en realidad, el escapulario de los Carmelitas es como un poncho: un gran cuadrado de tela con un hueco en el centro. En algunos cuadros que representan el encuentro de la Virgen con Simón Stock general de la Orden Carmelita en 1246, nuestra “Madre del cielo” le entrega este “escapulario” como parte del hábito carmelita.
En los dos casos, como parte del hábito o los dos hilitos delgados, el escapulario representa el abrazo de la Madre de Dios con sus hijos; el abrigo de su ternura. En su regazo Ella nos cura de la pena, venda las heridas del corazón; nos anima con su caricia de amor, fortalecida y llena de fe, por la resurrección gloriosa de Jesús, fruto bendito de su vientre.
El símbolo del escapulario nos invita a ponernos en brazos de María de Nazaret, así como estuvo Jesús pequeño, y también Jesús herido y muerto como en la imagen de La Piedad. Quizá a alguno de la Comunidad se la ha muerto la esperanza; la fe, la confianza en que Dios sabe lo que te pasa hoy y que eso basta, porque si Jesús ya te compró un día con sus sangre, no te abandonará justo ahora. Entonces ¿Porque no descansar allí, en el regazo de la Madre, en ese “sagrario” humano?; ¿Donde podría estar más seguro y mejor abrazado que en sus brazos, si Jesús le pidió en la cruz que nos cobijara a todos como hijos suyos?
“…Madre de misericordia, vida dulzura y esperanza nuestra… y ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”.
Enseñen a rezarle a la Virgen
A las mamás, a las mujeres con corazón de madre, las invito a que hagan lo que tan sabiamente hizo María Custodia Vázquez, mi madre: antes de que pudiera irme de sus propios brazos, ella me puso en otros brazos. Mucho antes de dejarme partir, ella me enseño a ponerme en los brazos de la Virgen del Carmen, bajo su mirada pura, en la ternura de su regazo. Muy niño, aún cuando todavía no sabía que me estaban enseñando lo más importante, aprendí la oración de la voz amable de mi madre muy cerca de mi oído y al borde de la noche apacible: “Oh Señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco en todo a vos, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, oh madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.”
Aunque mi madre es maestra, fue la pedagogía del amor, la convicción de su fe, la devoción a la Virgen, lo que hizo que para mi suene distinta esta oración y tenga tanto de abrazo y de consuelo. La oración que fuera, si ustedes con ternura de madre, enseñan a los chicos a rezarle a la Madre del Cielo, recurren al mejor modo de protegerlos y de ayudarlos a crecer… Y de seguirlos, cuando, crecidas sus piernas, sus pasos los lleven lejos de sus ojos. Como productor de ‘Reflexiones 21’, y por mi trabajo en Radio Vaticana al servicio del Papa, les pido que rueguen por mí al Señor. Recen también por la Sra. Laura, sus hijos y su esposo, y por todos los que ponen su granito de arena para que el micro programa siga en tantas Emisoras.
¡Gracias! y bendición, Guillermo Ortiz SJ