Textos Agosto 2010
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Con la palabra en la boca – 08 de agosto de 2010

Me dejó con la palabra en la boca, dijo Teófilo Pereira. Yo no había terminado de hablar y ya sintió miedo de lo que yo podría decir o hacer. Se fue y no quiso hablar nunca más.
Bueno, en realidad yo dije algo fuerte, expresó Teófilo, afirmé una cosa sin estar seguro, con la intensión de que afrontáramos juntos el asunto. Quería que nos planteáramos la cosa de fondo. No para mandar todo al diablo, sino para ver las alternativas; lo mejor que se podía hacer sin perjuicio de nadie.
En ese momento no parecía posible resolver el problema. Creí, sin embargo, que podíamos afrontarlo. Pero me equivoqué, porque no lo hice como quien no quiere la cosa, lo hice decidido. Por eso sintió miedo de lo que podría suceder y se fue. Quizá pensó que no había solución para el asunto (¿se puede saber solo las cosas cuando hay dos en juego?). Posiblemente hizo lo mejor y afrontó la situación a su manera.
De cualquier modo es feo quedarse así, sin poder decir lo que en realidad piensa y siente uno. A veces hasta es preferible que te manden al diablo, porque las heridas se curan con el tiempo. En cambio esta herida del silencio te dura lo que dura el silencio.
Yo me permito pensar, amigo Pereira, que te faltó un intermediario, un tercero, un mediador con voluntad de ayudar a los dos. Alguien que no se quede con una sola campana sino que sea capaz de vencer su propio miedo y jugarse para ayudar.
Es lo que hizo y hace Jesús entre Dios y nosotros. Pone su propia carne y sangre, entrega su cuerpo para ser mediador y lograr un poco de alivio, un poco de paz entre tanta guerra y heridos. Jesús es Señor del diálogo con gestos y con palabras.

Guillermo Ortiz SJ – Reflexiones 21