Diálogo que atiende la propuesta del otro - 10 de agosto de 2010
Como enseña el Catecismo hay que salvar la proposición del otro. Para evitar el juicio temerario, cada uno debe interpretar en cuanto sea posible en un sentido favorable, los pensamientos y acciones de su prójimo.
Integrado al discernimiento de la voluntad de Dios y de la vocación personal en la comunidad de la Iglesia , como San Ignacio lo presenta en los Ejercicios Espirituales, el diálogo tiene una importancia capital, dado que creemos en un Dios Padre de un pueblo y lo alabamos y servimos como miembro de una comunidad concreta. La vocación personal no puede realizarse aislada del resto de la comunidad, de la familia.
Por eso San Ignacio de Loyola ofrece al inicio de los Ejercicios un “presupuesto” fundamental para todo diálogo sincero y fecundo.
“Se ha de presuponer que todo buen cristiano ha de estar más dispuesto a salvar la proposición (lo que el otro propone o dice) del prójimo que a de condenarla; y si no la puede salvar, pregunte cómo la entiende mal corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, entendiéndola, se salve” (EE 22).
¡Qué bueno si aplicamos esto en el diálogo en familia, en el matrimonio, en la comunidad, en lugar de estar defendiendo solo el interés y punto de vista personal.
Guillermo Ortiz SJ – Reflexiones 21 |